9 de set. de 2012

Contaminación del Suquía afecta la biodiversidad

La Voz del Interior (09/09/2012)
Los peces sienten la polución del Suquía

En algunos sitios sólo se detectaron especies tolerantes a los tóxicos cuya su salud está deteriorada, según un estudio de la UNC y Conicet. La Calera, río arriba de la Capital, dejó de ser un sitio limpio. Río abajo, no se recupera de la contaminación y suma nuevas fuentes.
La contaminación del río Suquía se extiende río arriba y río abajo de la ciudad de Córdoba y se evidencia en una merma en la cantidad, variedad y salud de los peces.
Un reciente estudio encontró que La Calera, un punto de referencia para la toma de muestras por estar 15 kilómetros río arriba de la Capital y sus contaminantes, ha dejado de ser un sitio limpio (ver gráfico).
Mientras tanto, análisis en Río Primero, unos 50 kilómetros río abajo, demuestran que el curso de agua no logra recuperarse de la polución urbana y suma nuevos contaminantes.
“La intención del trabajo era demostrar como baja la contaminación cuando se aleja de la ciudad de Córdoba, pero no se cumplió. El sitio en el que esperábamos medir la recuperación, Río Primero, no se recupera”, señala Andrea Hued, bióloga de Conicet y de la cátedra de Diversidad Animal II de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).
Pero también se sorprendieron con los niveles de contaminación en La Calera. Valeria Ame, bioquímica de la UNC y Conicet, explica: “El agua viene contaminada del dique San Roque. Luego, hay varios asentamientos urbanos nuevos cerca de La Calera y también encontramos pesticidas, a pesar de que no hay cultivos cerca”.
Hued agrega: “Siempre la culpa fue de la Capital. Al complejizar los estudios, nos dimos cuenta de que hay otras fuentes de contaminación. La actividad que hay alrededor de la cuenca ya aporta contaminantes río arriba y se siente la presencia de pesticidas en todo el río”.
Del trabajo también participaron Tamara Maggioni, Magdalena Monferrán, Rocío Bonansea y Lucas Galanti. Fue publicado en julio en la revista científica Archives of Environmental Contamination and Toxicology.
Las mediciones se realizaron entre 2008 y 2009 y se tuvo en cuenta la variación que sufre la cuenca entre el invierno, con menos caudal y el verano, con más caudal.
Primero determinaron un Índice de Calidad del Agua (ICA) que incluye variables como temperatura, pH, niveles de oxígeno, dureza y presencia de amoníacos, nitratos, nitritos y fósforo, entre otras.
Se considera que por debajo del 50 por ciento el agua difícilmente es compatible con la vida. El ICA fue inferior a eso en Villa Corazón de María en verano (43%) y estuvo en el límite para el invierno (53%).
El sitio está a 12 kilómetros río abajo de la planta de tratamientos cloacales Bajo Grande de la ciudad de Córdoba, la principal fuente de contaminación orgánica de la cuenca.
En Río Primero y en invierno, el ICA fue de 49 por ciento, con lo cual no alcanza a recuperarse de los efluentes recibidos en la ciudad de Córdoba y en el resto del recorrido.
En verano fue del 67 por ciento, 10 puntos menos que en la misma época en La Calera. Los 65 kilómetros que hay entre uno y otro sitio no son suficientes para filtrar completamente la contaminación recibida.
“Desde 1998, hemos ido complejizando los estudios y vemos que la contaminación se extiende cada vez más río abajo y se acerca a Mar Chiquita. Ahora se siente mal olor hasta Río Primero”, comenta Ame.
Los peces como bioindicador. En el estudio también se evaluó la cantidad y variedad de peces, teniendo en cuenta si son especies tolerantes o sensibles a los contaminantes. A partir de estos datos, construyeron un Índice Biótico (IB).
“Los indicadores químicos revelan la contaminación en el momento de la medición. Es una foto. Al medir su impacto en los peces, estamos tomando una película sobre la historia de contaminación del río y también es un indicador de la toxicidad de dicha contaminación”, explica Hued.
La referencia surge de estudios realizados en ríos serranos, en donde el IB fue de 80 por ciento. En los tres sitios y en cualquier época del año los valores fueron menores.
Los más bajos se registraron otra vez en Villa Corazón de María, con 29,2 por ciento en verano y 4,2 por ciento en invierno. El valor cero indica ausencia total de peces.
Los mejores valores se encontraron en La Calera, pero están lejos de calificarlo como un sitio saludable. “Ya no es tan prístino. Hace ocho años era considerado un sitio para tomar muestras de referencia. Eso ahora cambió”, agrega Hued.
En Villa Corazón de María encontraron especies solo tolerantes a contaminantes como orilleros y madrecitas del agua. En tanto, mojarras, mojarritas, dientuditos, viejas del agua y otras especies sensibles sólo se detectaron en La Calera y algunas en Río Primero.
Las marcas en los tejidos. Los investigadores también estudiaron la salud de los peces en La Calera y Río Primero, ya que en Villa Corazón de María fue imposible hacerlo por falta de ejemplares.
Analizaron daños en branquias e hígado como necrosis (muerte del tejido), hiperplasia (aumento en la cantidad de células) o hipertrofia (aumento del tamaño de las células).
Estudios anteriores de peces aislados en laboratorio, libres de cualquier contaminación, arrojaron valores de 10 puntos, donde cero sería un pez sin ningún daño. En los dos sitios y en las dos épocas del año, los valores estuvieron entre 36 y 47 puntos, es decir, entre dos y hasta casi cuatro veces más que lo normal.
“Son efectos que no se lo puede adjudicar a un contaminante particular, porque en el agua hay un cóctel. Si los peces tienen daños en branquias e hígado, no pueden respirar, comer, ni reproducirse bien. Las poblaciones van ir mermando. Los resultados hablan de la imposibilidad de continuar evaluando a La Calera como un lugar casi virgen”, asegura Hued.

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Pesticidas y metales pesados superan los límites

El estudio también detectó niveles de pesticidas en sedimento y metales pesados en agua por encima de los límites.
Dos de los pesticidas medidos y detectados en todos los sitios están prohibidos desde hace varios años. Los clordanos fueron clasificados como probables cancerígenos por la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA) y están prohibidos desde 1998 en Argentina.
El endrin también está prohibido desde 1990 para uso agrícola y está dentro de los Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP), conocidos por su alta toxicidad y duración en el ambiente.
El organismo ambiental de Canadá fijó como valor máximo 2,67 nanogramos por gramo de sedimento. No hay guías nacionales en este tema.
En los tres sitios, tanto en verano e invierno, se detectaron niveles entre 8,4 y 14,4 nanogramos por gramo. Lo curioso es que los valores máximos se encontraron en La Calera, una zona sin campos cercanos.
“La expansión de la actividad agrícola implica un aporte adicional de agroquímicos y sedimentos provenientes de los procesos erosivos, también provocados por la deforestación, que deja el suelo descubierto y favorece la erosión eólica y pluvial”, explica Ame.
Para los clordanos el organismo canadiense fijó en 8,87 nanogramos por gramo la concentración que probablemente ejerza efecto tóxico para la fauna acuática. Se supera en todas las muestras. También detectaron endosulfán, un plaguicida que está en vías de ser prohibido en el país.
Algunos de los metales pesados medidos en el agua también excedieron los límites considerados peligrosos para la fauna acuática, según valores guías de Argentina.
El Plomo superó las directrices argentinas de agua dulce (1,6 microgramos por litro) en Villa de Corazón de María por más de tres veces durante el verano y más de dos veces en invierno. El Cromo supera las magnitudes mínimas admitidas (2,5 microgramos por litro) en todos los sitios en invierno.

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