25 oct 2009

La lección de Goodall

La Voz del Interior (25/10/2009)
La lección de Goodall



La primatóloga más prestigiosa del mundo pasó por Córdoba. Y dejó una enseñanza útil a los ecologistas: no se puede cuidar a los animales o plantas sin cuidar al hombre.
Vivía con su familia en un suburbio humilde de Londres y trabajaba de moza para ganarse la vida. Tenía 23 años cuando una amiga la invitó a viajar a Nairobi, en 1957. Tardó varios meses en juntar el dinero para el pasaje, pero allá fue.
En África, Jane Goodall conoció al científico Louis Leakey, quien la invitó a participar de un proyecto para estudiar los chimpancés en Tanzania. Aceptó, junto a dos científicas con las que conformaría el trío más célebre de naturalistas del mundo: Biruté Galdikas y Dian Fossey (a quien interpretó Sigourney Weaver en la película Gorilas en la niebla).
En 1960, pasó tres meses viviendo junto a los chimpancés del Parque Nacional de Gombe. Su madre tuvo que acompañarla, ya que las autoridades británicas se negaron a que una mujer viviera tanto tiempo sola con animales salvajes. Aquella experiencia le cambió la vida.
Un día descubrió que uno de los simios tomaba una rama, la deshojaba y la introducía al hueco de un árbol para sacar las termitas que luego comía. Es decir que los seres humanos no eran los únicos capaces, como se pensaba hasta el momento, de producir herramientas.
Los antropólogos chillaron, pero a la larga debieron redefinir el concepto de “ser humano”. Goodall les hizo ver que los chimpancés tenían cultura, sentimientos y comportamientos similares a los de los hombres, incluso con algunos niveles de violencia.
Pero la científica enseñaría algo aún más importante.
El todo y las partes. Al observar desde una avioneta el Parque Nacional de Gombe, Goodall descubrió que los árboles de las afueras carecían de hojas y que el medio ambiente estaba muy degradado más allá de los límites de la reserva.
Estudió las poblaciones del lugar, observó su pobreza y entendió que la gente tomaba los recursos que necesitaba para vivir.
En vez de presionar a las autoridades para conseguir leyes restrictivas, comenzó a trabajar con esas comunidades en proyectos de desarrollo. Goodall no se cansa de repetir que no se puede cuidar a los chimpancés si alrededor hay pobreza y sufrimiento humano.
Su instituto, fundado en 1977, resume ese concepto, al trabajar en la integración de tres áreas: el cuidado de los animales, del medio ambiente y de la comunidad. Ninguno de estos puntos puede implementarse de manera aislada.
Sólo en uno de los programas del instituto (“Raíces y brotes”) participan 10 mil grupos de jóvenes, desde el jardín hasta la universidad, en 110 países. Desarrollan proyectos de aprendizaje que fomentan el respeto y la compasión por todos los seres vivos, que promueven el entendimiento entre todas las culturas y que motivan a cada persona a actuar para hacer del mundo un lugar mejor para todos: personas, animales y medio ambiente.
Es una lección útil para algunas organizaciones ecologistas o para ciertas defensoras de animales que creen que su misión es única, y que la encaran con una visión profética, con anteojeras que les impiden mirar la realidad completa.
Cuando estas acciones extremas se realizan sin tener en cuenta por qué, o cuáles son las necesidades de la comunidad donde se está produciendo un daño ambiental, tienen efectos aislados y se hace difícil que provoquen adhesiones.
Semilla. Jane Goodall estuvo en la Universidad Nacional de Córdoba, en donde sumó un Honoris Causa a su larga lista de distinciones. Entre ellas, el premio Príncipe de Asturias y el Gandhi/King de la No Violencia, la Orden del Imperio Británico o la medalla Hubbard de la National Geographic Society. Desde 2002, también es Mensajera de la Paz de las Naciones Unidas.
Dice que quiere dejar su semilla en Argentina, donde hasta ahora su Instituto no tiene sede. Ojalá. Su paso por esta ciudad dejó una estela de sabiduría contagiosa de la que, lamentablemente, el mundo aún no parece muy dispuesto a contagiarse.

Ver Noticia On Line


Encuentro de dos mundos en las sierras

Jane Goodall, "lady Chimpancé", visitó la reserva de carayás en La Cumbre. Especies diferentes, con problemas comunes.
Goodall, distinguida el viernes como Doctora Honoris Causa por la Universidad Nacional de Córdoba, estudió por más de 30 años a los chimpancés africanos. Ayer visitó la reserva de monos aulladores, ubicada a 11 kilómetros de La Cumbre. Fue un encuentro de dos mundos.
Los aullidos roncos de los monos dicen “Éste es mi territorio”, aunque parece que saludaran a “lady chimpancé”. Se escuchan bien fuertes. Los monos carayás o aulladores son los animales terrestres más ruidosos del mundo, certificado por el libro Guinness de los récord.
Los carayás son los primates más grandes de América del Sur. Pero un chimpancé puede llegar a pesar 10 veces más. A pesar de que ambos se parecen a lo que la gente define como “mono”, no tienen tantos rasgos en común. En realidad, el chimpancé se parece más a nosotros, los humanos, que a los carayás.
“No se pueden comparar chimpancés y monos aulladores. Los chimpancés se parecen más a las personas que a estos monos. Tienen una biología y un comportamiento completamente diferentes. Los chimpancés no podrían vivir aquí”, dice Jane.
Es una cuestión de evolución. Primates del viejo y nuevo mundo se separaron hace 34 millones de años. En cambio, el ancestro común entre chimpancés y seres humanos hay que buscarlo “sólo” siete millones de años atrás.
Los carayás se parecen más al peluche de Goodall, “el señor H”, que ya la acompañó por 63 países con su mensaje ambientalista. Los dos tienen cola. De hecho, los carayás “se dan la cola” como señal de amistad. Es una extremidad más que les sirve para trepar árboles. Los chimpancés, también trepadores, no tienen cola.
La reserva serrana alberga más de 100 monos en estado de semilibertad. Una guía confiesa que en realidad es difícil llevar la cuenta porque se reproducen rápido. Cada grupo tiene un macho alfa líder. Eso también sucede entre los chimpancés.
Primate problemático. Tanto carayás como chimpancés tienen problemas con otro primate: el hombre. El más inteligente de todos es el que ha deforestado y depredado el planeta. En la reserva serrana se trata de sanar la naturaleza.
El carayá nunca fue un mono cordobés. Habita Brasil, Bolivia, Paraguay y el norte argentino. Monos aulladores y chimpancés tienen una dieta vegetariana. El bosque es su hábitat también. Sin árboles no hay monos.
En la reserva de La Cumbre, los carayás se han adaptado a la dieta del bosque serrano, aunque en invierno, con la sequía, se les provee frutos y alimento balanceado.
Durante el siglo 20, Argentina perdió dos tercios de sus bosques nativos. La desaparición de la selva en Gombe (Tanzania) fue el motivo por el cual Goodall abandonó su investigación para dedicarse a su tarea ambientalista desde su instituto.
“No me queda mucho tiempo. Tengo que dar el resto de mi vida para educar a los niños del mundo, y que aprendan a cuidar el planeta mejor de lo que lo hicimos nosotros”, dice.
El proyecto Carayá es una de las pocas iniciativas en América latina que recibe el apoyo del Instituto Jane Goodall. En la reserva se reciben monos que estuvieron en cautiverio como consecuencia del tráfico ilegal. Otro problema común entre chimpancés y carayás.
“Hay que ayudar con dinero para el funcionamiento de este tipo de centros. Pero también con educación, para que la gente sepa que estos monos no son mascotas. Sufren mucho tráfico. Al principio son muy adorables de pequeños, pero cuando crecen necesitan su espacio y estar con los suyos”. Libertad, algo que deberían compartir carayás, chimpancés y el ser humano.

Mas datos
Instituto Jane Goodall. Fundado en 1977, es una organización global sin fines de lucro. Su objetivo es educar y ayudar a la gente a mejorar su calidad de vida sin degradar el ambiente. Está enfocado a niños y adolescentes. www.janegoodall.org Proyecto Carayá. Es un centro de rescate, rehabilitación y orfanato de primates. Está ubicado a 11 kilómetros de La Cumbre, en el camino de la Estancia El Rosario. Se realizan visitas guiadas todos los días, de 9.30 a 19. www.proyectocaraya.com.ar

No tan “monos”

Chimpancé africano
Clasificación. Especie: Pan troglodytes. Mamífero del orden de los primates. Son catarrinos, simios del viejo mundo. No tienen cola y sus orificios nasales están para abajo, como el hombre.
Distancia evolutiva con el hombre. El ancestro común entre el chimpancé y el hombre se remontaría a 7 millones de años.
Características. Hasta 1,70 metro y 70 kilogramos. Vegetarianos, pero comen carne. Viven en grupo en tierra y en árboles.

Mono aullador o carayá
Clasificación. Especie: Alouatta caraya. Mamífero del orden de los primates. Son platirrinos, monos del nuevo mundo. Se caracterizan por tener cola larga y prensil y nariz chata.
Distancia evolutiva con el hombre. El ancestro común entre carayá, chimpancé y ser humano se remontaría a 34 millones años.
Características. Hasta 90 centímetros y 6,5 kilogramos. Vegetarianos. Viven en grupo en los árboles.

Ver Noticia On Line

0 comentarios:

Buscar este blog

Blog Archive

Temas

Archivo de Blogs