8 oct 2006

Paisaje lunar

La Voz del Interior (08/10/2006)
Paisaje lunar en el valle de Punilla

Las sierras mutaron a cerros pelados, laderas pedregosas y valles yermos.
Duele. A cualquier cordobés que se jacte, la situación de las sierras es como una astilla clavada en el pecho. Uno, que no es experto en el tema, no sabe cuánto tiempo llevará recobrar el verdor de las montañas; si un año, cien o mil. Pero lo que se ve en el valle de Punilla, desde Villa Carlos Paz hasta Los Cocos –aun con intermitencias– es desolador. "Un paisaje lunar", resumió con términos afines a su actividad, el piloto que acompañó a La Voz del Interior en el sobrevuelo de la zona.
Las puntas peladas y pedregosas de los cerros desnudan su clamor. Pareciera que hablaran. Que se preguntaran con clemencia: "Por qué nos pasó esto". En muchos sitios no hay más que piedra y ceniza. Y de cenizas algo sí conocemos porque este oficio nos depositó en octubre de 1991 en Los Antiguos, cuando hizo erupción el volcán Hudson.
La primera "parada" desde el aire es un cerrito cercano a la autopista a Villa Carlos Paz: El Mogote, donde se ubican decenas de antenas de comunicaciones que iluminan la ciudad de Córdoba y que resistieron con estoicismo el acoso del fuego que las sitió, junto con la casa donde vive el guardia del sector.
El avión gira hacia el norte y aparece el faldeo de Punilla. La aerosilla, que los bomberos improvisaron de "autobomba" para arrimarse más a las llamas, hoy recorren otro paisaje. Negro, ralo, esperpéntico.
Más allá, la comuna de San Roque pinta una escena bíblica de la eterna lucha entre el bien y el mal. Los rastros del fuego que bajan de la montaña se detienen en las puertas de la blanca y ovoide capilla. Es como si el infierno se hubiera apiadado del templo cuando ya lo tenía en sus fauces. Instantes después aparece Santa María y queda claro que el Hospital Domingo Funes estuvo en terapia intensiva. Parece un enorme barco carguero flotando en un mar de petróleo.
Ahí nomás, la imponente cruz del Pan de Azúcar luce desesperada. A su alrededor, la hoguera tejió con dedicación y punto crochet un manto negro que cae por ambas laderas y se desplaza muy abajo, hacia sectores como Cabana y las afueras de Río Ceballos. Sólo los cables de la elevación mecánica y cordones de pirca modifican la escena. Después, nada. Nada.
El verde de Valle Hermoso y La Falda y La Cumbre contrastan con tanta quemazón. Las lluvias, aun en su escasez, imprimieron colores en el cuadro. Juntas estas localidades parecen un intervalo en la proyección de una película de cine catástrofe.
Pero el respiro no dura mucho. Los faldeos de Los Cocos se encargan de anunciar que el fuego bailó en esas alturas. Las copas de los árboles se incrustan en la montaña totalmente ardida. Cuando uno mira hacia abajo, la marca termina justo y exactamente en el polémico basural de la localidad.
Si es cierto que el incendio comenzó allí, la imagen no deja dudas de que un fuerte viento del oeste lo llevó desbocado hacia el este para estamparlo contra las sierras y hacerlo subir por las laderas.
Entre medio, a duras penas un ranchito sobrevivió en el combate y otra casa, de frondosa arboleda, no podrá olvidar este setiembre.
Es hora de volver. Las imágenes hacen un replay. Y uno, que no sabe nada de esto, se pregunta a dónde irá a parar tanta ceniza después que llueva, pero en serio.


Ver Nota On Line (el link pudo haber cambiado)

0 comentarios:

Buscar este blog

Blog Archive

Temas

Archivo de Blogs